«Queridos hijos: también hoy mi Corazón materno os invita a la oración, a vuestra relación personal con Dios Padre, a la alegría de la oración en Él. Dios Padre no está lejos de vosotros ni os es desconocido. Él se os ha manifestado por medio de mi Hijo y os ha dado la vida, que es mi Hijo. Por eso, hijos míos, no cedáis a las tentaciones que quieren separaros de Dios Padre. ¡Orad! No intentéis tener familias y sociedades sin Él. ¡Orad! Orad para que vuestros corazones sean inundados por la bondad que proviene sólo de mi Hijo, que es la verdadera bondad. Solamente los corazones llenos de bondad pueden comprender y aceptar a Dios Padre. Yo continuaré guiándoos. Os pido de manera especial que no juzguéis a vuestros pastores. Hijos míos, ¿acaso habéis olvidado que Dios Padre los ha llamado a ellos? ¡Orad! Gracias!»
Comentario de Mirjana al finalizar la aparición: «nunca antes yo había dicho algo. Sin embargo, ¿sois conscientes, hermanos y hermanas, de que la Madre de Dios ha estado con nosotros? ¿Somos acaso dignos de eso? Que cada uno de nosotros se lo pregunte. Esto lo digo porque me es difícil verla sufrir, ya que cada uno de nosotros busca un milagro, y no desea hacer un milagro en sí mismo.»
Por años, la Madre ha pedido que el día 2 de cada mes se hagan oraciones especiales —y sacrificios en el mundo—, por «quienes no experimentan el amor de Dios en sus corazones.» Y por esta razón también ofrece al mes un mensaje adicional al del 25. En Medjugorje, desde tempranas horas confluyen miles de fieles en torno a la Cruz Azul para participar de este encuentro de oración y poder asistir cuando la Virgen aparece.
En el mensaje de esta jornada de oración la Madre dice: «Queridos hijos: también hoy mi Corazón materno los invita a la oración, a su relación personal con Dios Padre, a la alegría de la oración en Él», y una primera característica del mensaje, es que la Virgen habla aquí siete veces de la oración. Y como sabemos, el número siete en la Escritura, es número perfecto y representa plenitud. En consecuencia, la Virgen invita a todos para que la oración sea plenitud de vida y sea perfección de la misma.
Todo cristiano a lo largo de su vida ha orado muchas veces, y por eso, cuando la Virgen habla de la oración, no está hablando de alguna ocupación extraña o ajena a la vida común. Sin embargo, hay que reconocer, no en todos los fieles la oración es algo recurrente, y por lo tanto la Madre dice: «también hoy Mi Corazón Materno los invita a la oración»; porque de esta manera quiere despertar la conciencia de todos a fin de no descuidar el trato amistoso y frecuente con Dios. Por lo demás, hay que observar que se advierten tres cosas: a) La oración esencialmente es una relación personal con Dios; b) en dicha relación el personaje principal es la Persona del Padre; c) un sentimiento predominante de esa relación es la alegría.
Apréciese que esta vez sobre la oración, la Virgen ha enfatizado más la dimensión personal que la comunitaria, toda vez que muchos se pueden quedar sólo en los grupos de oración o en la oración litúrgica. Y no es que haya que sustituir estos por la individual sino que el fundamento de ambas es la «relación personal» con Dios. Recuérdese, que es cierto que la Madre ha pedido organizar grupos de oración y ha recomendado asistir a Misa —si es posible—, todos los días. Sin embargo, es por medio de la «relación personal» con Dios como el corazón se abre, como el corazón se dispone a escucharlo, como el corazón se enamora Él. Y por lo demás, la oración comunitaria como la litúrgica, siempre son un trato individual y familiar con Dios; como suceder en un noviazgo o en un matrimonio; ya que no existen noviazgos comunitarios o matrimonios comunitarios, porque siempre son relaciones afectivas entre dos personas, y lo mismo ocurre en la oración: una relación de amor entre Dios y el alma individual; donde ella se enamora de Dios y donde ésta le expresa sus sentimientos.
Por otro lado, nótese que en innumerables mensajes del día 2, la Madre ha invitado a centrar la oración en la Persona Divina del Padre; exactamente como lo enseñó Jesús. Pero no se olvide que toda oración cristiana también se experimentan las otras Personas Divinas. Pero ahora la Madre quiere incentivar la experiencia de Dios Padre en los corazones, porque Él «no está lejos», no es «desconocido», porque «ha manifestado a Su Hijo», y a todos ha otorgado «la vida» que es Jesús. Razones más que suficientes para acudir en busca del amado Padre, abrirle sin reservas las puertas del corazón y ponerlo en el centro de la vida. Recuérdese, que también durante su vida terrena la Virgen María —y el mismo Jesús—, tuvo a Dios Padre como centro de todo. Y cuando el Padre es el centro de la vida, el amor viene a ser el centro de todo, la fe se hace el centro de todo y dar testimonio de la Luz —como pidió la Madre en el mensaje anterior—, no es imposible.
Por lo tanto, la Madre quiere que todos sus hijos no descuiden su relación personal con el Padre que da la vida. Y cuando se experimenta su amor el sentimiento que aflora naturalmente es la alegría. Obsérvese que cuando la Virgen dice: «los invito a la alegría de la oración en Dios» evidencia dos cosas: que nadie debe ir a la oración por obligación o deber y que el fruto del encuentro con Dios es alegría.
También en el mensaje la Madre dice: «Hijos míos: no cedan a las tentaciones que quieren separarlos de Dios Padre», porque Ella sabe que para perseverar en la oración también hay que vencer las tentaciones que inducen a actuar en contra de la voluntad de Dios. La lucha de todo cristiano no es sólo contra el activismo que impide orar, sino frente a las tentaciones que intentan separar a cualquiera del trato asiduo con Dios. Por ello para perseverar en la oración también en necesario confesarse, pedir perdón a Dios y estar en guardia frente a las tentaciones. En este sentido, parece obvio que la Madre no sólo está evidenciando que las tentaciones preceden el pecado sino las mismas distracciones que impiden orar.
En la tercera parte del mensaje cuando la Virgen dice: «¡oren! No intenten tener familias y sociedades sin Él» vuele a enfatizar la llamada a la oración. Es como si dijera, «es por medio de la oración como las familias y las sociedades deben caminar», y ahora que estamos en el mes del santo rosario, parece indiscutible que manera de responder a la invitación es rezando individualmente y en familia la corona mariana.
La cuarta parte del mensaje es muy importante, algo novedoso en los mensajes de la Madre. Dice: «¡Oren! Oren para que sus corazones sean inundados por la bondad que proviene sólo de Mi Hijo, que es la verdadera bondad. Solamente los corazones llenos de bondad pueden comprender y aceptar a Dios Padre.» Nótese, que la Madre esclarece que por medio de la oración se experimenta la bondad de Jesús. O sea, no sólo por medio de la oración se experimenta al Padre sino la bondad de Jesús. Llegada a este punto la reflexión cualquiera se podría preguntar, ¿Qué es la bondad? Y ¿por qué la Madre exalta dicha virtud en este mensaje?
Bondad viene del latín «bonitas» formado de «bonus», que significa bueno, y del sufijo tat que en español se cambia a dad e indica cualidad. Por tanto, bondad significa «cualidad de bueno», o caritativo, humanitario, misericordioso, compasivo, piadoso, benefactor… Y el ser bondadoso por excelencia, es Dios. Y la Madre desea ahora que, por medio de la oración, se exprese esa misma bondad a los demás.
La Madre subraya esta virtud porque no quiere que la oración se quede en un acto egoísta o narcisista. La oración como se abre a Dios, también se debe abrir a las necesidades de los hombres. Más aún: la oración verdadera transforma el corazón mezquino del hombre en generosidad, entrega, servicio. Un ejemplo de ello: el lavatorio de los píes que Jesús hizo a sus discípulos. Cuando el Señor terminó con dicho servicio les preguntó: «entienden ustedes lo que he hecho. Yo que soy el Señor les lavado los pies. Les he dado un ejemplo para que ustedes hagan los mismo… y serán felices si lo ponen en práctica». Jesús quería que cada uno de sus discípulos fuera tan generoso, bondadoso y servicial como Él, y por eso les lavó los pies. Los pies de los apóstoles representaban los pies de toda la humanidad y en especial de la Iglesia, de todos los bautizados. El gesto de Jesús representaba la bondad manifestada en todo su ministerio. Todo se resume en ese servicio, incluso su inmolación en la cruz. También ese servicio representa la oración. Cuando se ora se aprende a lavar los pies a los demás, se aprende a ser generoso, se aprende a compartir la vida con todos e inmolarse por la salvación de las almas. María no quiere que ningún hijo suyo se quede de rodillas en el Sagrario para siempre sino que el Sagrario sea una escuela de bondad para los demás. Cuando la Virgen dice «Oren, oren, oren» también está diciendo, entonces: «sean bondadosos, sean bondadosos, sean bondadosos…»
En la quinta parte del mensaje la Madre dice: «Yo continuaré guiándolos.» Es raro el mensaje donde la Madre no aluda a esta hecho de vida. Ella desea que cada uno de sus hijos no pierda de vista su intercesión materna. Adviértase que la Madre no hace acepción de personas: todos son hijos predilectos suyos, si bien hay una relación especial con los consagrados. Recuérdese que por todos la Madre ora, a todos la Madre cobija y a todos manifiesta su amor tierno. No por el desacierto que cualquier hijo suyo cometa Ella lo abandonaría. María es una buena Madre y la mejor de todas. Toda madre y todo padre deben inspirarse en Ella.
Cuando la Madre dice: «Yo continuaré guiándolos» está diciendo muchas cosas. Está diciendo: «aún cuando no cumplan estaré con ustedes, aún cuando cesen las apariciones y nos les hable tanto, estaré acompañándolos…», «yo no los dejaré nunca, continuaré sugiriéndoles buenos pensamientos, continuaré orando por ustedes y velando su caminar», « por eso ábranse a Mí, permítanme guiarlos.»
Por último dice: «Les pido de manera especial que no juzguen a sus pastores. Hijos míos, ¿acaso han olvidado que Dios Padre los ha llamado a ellos? ¡Oren! ¡Les agradezco!» Es sabido que una de las características de los mensajes del 2 es que la Madre frecuentemente menciona a los sacerdotes. Por lo común, es notoria la presencia de un nutrido grupo de sacerdotes en estas apariciones del 2. Pero la Madre no está hablando de los que están presentes sino de todos. En esta ocasión recuerda que los fieles —y lo mismo sacerdotes como fieles—, no deben juzgar las actitudes ni ningún pastor. Pero ello, no quiere decir que se pueden juzgar las acciones de los laicos. Lo que la Madre quiere subrayar más bien, es, que debido al cargo que los miembros del clero desempeñan, se debe guardar un debido aprecio y respeto por ellos que excluye los juicios temerarios y cuanto se pueda derivar de estos; como la maledicencia, críticas, malos tratos, falta de respeto…En suma, el mensaje es una exhortación a admirar y a amar el trabajo sacrificado de los Obispos, sacerdotes y diáconos, a orar por todos y a estimarlos con especial admiración.
Oremos:
Oh Madre, estamos una vez ante Ti para implorarte por nuestra conversión. Hemos comprendido, por medio de este mensaje, que convertirse significa tomar en serio la vida de oración, estar permanentemente delante del Padre bondadoso y de Su Hijo Jesús.
María, Tú estás con nosotros en este tiempo de gracia para enseñarnos a orar. En esta ocasión nos has enseñado que orar no es otra cosa que experimentar la bondad de Dios con alegría. Es por medio de la alegría que quieres que llevemos la luz de la verdad a todos los que se han alejado de Dios.
María, ¡gracias una vez más por tus palabras!: están cargados de amor. Yo quiero colaborar contigo por la salvación de las almas. Por eso una vez más me pongo en Tus manos para que me guíes hacia el querido Padre del Cielo, quien me dio la vida y me ha enseñado a vivirla. Por eso Te abro una vez más las puertas de mi corazón. Dios te salve María…